domingo, 26 de abril de 2009

XXXII Maratón Popular de Madrid (2009)

XXXII Maratón Popular de Madrid (2009)
Domingo 26-04-2009
42,197 metros
Tiempo oficioso: 4:09:10
Tiempo real: 4:05:12






Por fin llegó el gran dia, el objetivo que estaba marcado en nuestro calendario después de cuatro meses de entrenamiento centrado básicamente en el maratón de Madrid. Tenemos que reconocer que estabamos un poco nerviosos y quizás temerosos de que la dureza del recorrido, la distancia y las fuerzas fallaran y que no pudieramos completar la prueba. Estabamos hecho a la idea de que podía llegar el momento en el que nuestro organismo dijera basta y tuvieramos que parar, reponer fuerzas, recuperar el aliento e intentar continuar; como decía un eslogan: "Carreras hay muchas y salud sólo una" y esa idea la teníamos grabada en la cabeza, no había que hacer barbaridades, intentar llegar al final si pero sin obsesionarse en ello y sin machacarse más de la cuenta. Y también teníamos claro que ibamos a salir con la intención de acabarlo pero disfrutando de la carrera, saboreando cada kilómetro y sin sufrir demasiado con el trascurso de los metros y kilómetros; con la mejor compañía posible: Mario, JoseMa y Bernar y con el apoyo y ánimo constante de Esperanza que nos ayudaría en los avituallamientos. Todo estaba preparado, los entrenamientos habían sido exhaustivos y constantes, y ahora sólo quedaba salir a la calle, disfrutar de la carrera, darlo todo y esperar con calma el paso de los kilómetros. Las sensaciones eran buenas e intentaría cumplirlas con éxito.

Nos dirigirnos a Cibeles, allí ya se notaba la presencia de corredores preparados para su gran dia, todos esperabamos que fuera nuestro gran dia. Las miradas de complicidad se sucedían de unos a otros, se notaba la concentración en las caras y la emoción en los semblantes. Finalmente llegamos a Cibeles y aquello era ya un espectáculo grandioso, todo lleno de gente, de atletas que calentaban, de corredores que buscaban a sus compañeros de entrenamiento o de carrera, de acompañantes que ayudaban a los corredores, de público en general que animaba ya a esas horas de la mañana. Una gran masa de corredores se apoderó del Paseo de Recoletos y bajaba por Alcalá o el paseo del Prado, toda la calle estaba tomada por los corredores que en breves minutos tomarían la salida para apoderarse de las calles de Madrid durante varias horas, dependiendo de las fuerzas y preparación de cada uno de ellos.

El tiempo estaba gris, no hacía demasiado frio pero las nubes grises ocultaban los rayos del sol. La incretidumbre circulaba entre los corredores, era posible que lloviera, no estaba claro, los pronósticos hablaban de un 50% de probabilidades de que lo hiciera. Ese dato era importante porque podía hacer más difícil aún la carrera si llovía y hacía frio, no nos convenía que hiciera demasiado calor y además ya teníamos la experiencia de correr bajo la intensa lluvía en la media de Getafe, aunque preferíamos que el tiempo se quedara como estada, sin lluvia y sin unas temperaturas elevadas. Finalmente Bernar nos esperaría en el kilómetro 25, en el segundo avituallamiento programado con Esperanza. Comenzamos a ultimar los detalles, tomar los últimos sorbitos de agua, atarse bien las zapatillas, colocarse los gadgets y las últimas visitas a los aseos públicos o donde hubiera sitio. La tensión y la ilusión se notaba en el ambiente, poco a poco se iba aproximando la hora del comienzo de la carrera. Cayeron las primeras gotas de lluvia, más dudas, coger el chubasquero o no, arriesgarse a mojarse o asarse de calor. Nos fuimos aproximando hacia la línea de meta, buscabamos el globo de las 4 horas pero no conseguimos encontrarlo. Da lo mismo empezaríamos más atrás e intentaríamos cogerlo en los primeros kilómetros, nuestra idea era seguir ese globo pero si no lo veíamos seguiríamos a nuestro ritmo de 5:40. Los últimos consejos, las últimas palabras de ánimo, los saludos, los últimos buenos deseos.

Por fín sonó el disparo inicial y casi de inmediato comenzamos a movernos, pero aún no pasamos la línea de salida. Nos despedimos de Esperanza hasta el primer avituallamiento que tendría lugar en el kilómetro 15, nos lanzó un saludo y aprovechó para hacernos la primera foto de la mañana. La calle era ámplia, los corredores muchos y así tardamos casi cuatro minutos en pasar por debajo del arco de salida y por encima de las alfombras de cronometraje. El Maratón de Madrid habia comenzado. Y nada más comenzar, el cielo se abrió y la lluvia hizo acto de presencia. Parecía que nos habíamos equivocado al no coger el chubasquero, el agua cada vez caía con más fuerza mientras ibamos recorriendo los primeros metros de la carrera. Al principio con tanta gente se hacia díficil correr, pero poco a poco fuimos haciéndonos paso y recuperando terreno perdido hasta conseguir coger a los corredores que seguían un ritmo parecido al nuestro. Enseguida nos vimos envueltos en un grupo numeroso de corredores que iban a la misma velocidad, mientras el agua a ser más abundante, algunos más previsores ya llevaban el chubasquero puesto, otros paraban a ambos márgenes para ponerselo o para hacer sus necesidades. Así transcurrieron los primeros kilómetros, era una delicia avanzar a buen paso, sin prisas, sin agobios, sin coches por pleno Paseo de la Castellana, todos al mismo paso y al mismo son. La lluvia se hizo más intensa cuando pasamos por Nuevos Ministerios, la gente se refugiaba debajo de los puentes e incluso algún intrépido animaba a los corredores desde la parte superior del puente, por donde tendriamos que pasar más adelante, y como ya es tradición los Hijos del Viento entonaron la canción electrostática. La Castellana era toda para nosotros y nosotros disfrutabamos del espectáculo. Al llegar al Santiago Bernabeu abandonamos la Castellana y dimos la vuelta al magno estadio, todo un honor para nosotros. A la altura de Cuzco volvimos a coger el Paseo de la Castellana, quizás cuando más fuerte caía la lluvia, yo me lamentaba de nuevo por no haber cogido el chubasquero y pensaba en recogerlo en el kilómetro 15 si las cosas seguían así. Nuestro ritmo era bueno, seguíamos los pasos acordados aunque no aparecía el globo de las 4 horas. Al poco de pasar por Cuzco adelantamos al globo de las 4 horas y media, el globo anterior nos sacaba unos minutos pero no sabíamos si apretar para cogerlo o seguir a nuestro ritmo y ver si con suerte lo cogíamos más adelante, no había que cometer errores y ese podía ser un exceso que pagaramos más adelante, así que decidimos continuar como estabamos. De esta forma pasamos por la Plaza de Castilla y nos dirigimos por el lateral de la Castellana hasta la zona de la antigua Ciudad Deportiva y hoy solar de las Cuatro Torres de Madrid, ahí teníamos que girar y dirigirnos hacia la estación de Chamartín. Al pasar por la estación Mario avisó de que tenía que hacer una minima parada técnica, no eramos los unicos, durante los kilómetros iniciales fueron muchos los corredores que tuvieron que apartarse para aliviarse, eso es lo que ocurre cuando se bebe tanta agua y hay tantos nervios. Estabamos en el kilómetro 7, ahora venía una zona relatívamente suave después de los primeros kilómetros que tiraban hacia arriba. Casi sin darnos cuenta incrementamos ligéramente el ritmo, pero no sólo nosotros sino todos los corredores, prácticamente los mismos con los que compartiríamos la marcha durante el resto del camino. Mario coincidió en la bajada con una compañera holandesa y estuvimos un rato con ella, estabamos por Príncipe de Vergara y JoseMa avisó a Mario de que habíamos ido demasiado deprisa por lo que decidió despedirse de su rubia amiga y ralentizar suavemente el ritmo. De esta forma llegamos al kilómetro 10, habíamos recorrido el 25% de la prueba y nos encontrabamos bastante bien, no teníamos síntomas de cansancio ni de fatiga, llevabamos un buen ritmo y afortunadamente había dejado de llover, el tiempo acompañaba. Todo iba mejor de lo previsto.


Comenzaba el segundo cuarto de la carrera, ahora tendríamos que seguir ese ritmo hasta el kilómetro 15 donde nos esperaría Esperanza (a la altura de Argüelles) para darnos la glucosa y los geles. Pasamos de nuevo por Nuevos Ministerios y nos encontramos con la misma gente que nos animó en la subida, ahora ya no estaban cobijados debajo de los tuneles, el sol había salido y comenzaba a brillar en el cielo. Llegamos a Cuatro Caminos y allí los corredores eran animados por un grupo de gaiteros que nos recordaba a nuestras queridas tierras asturianas y las experiencias de las medias de Madrid que habíamos corrido por ahí. Nuestro paso seguía siendo fluido, constante y cómodo. Estabamos en el castizo Chamberí, ya en una zona más céntrica, lo cual unido al cese de la lluvia aumentó el número de personas que salían a la calle para animarnos, y aunque parezca un tópico siempre eran bienvenidos esos aplausos y esas palabras de ánimo. Finalmente cogimos Guzman el Bueno, al final de la calle nos esperaba Esperanza. Las calles eran más estrechas pero podíamos correr sin estrecheces y sentíamos más cerca el calor de la gente. Allí estaba Esperanza que nos dió las botellitas de geles y glucosa, casi no tuvo tiempo para más debido al rápido descenso por la estrecha calle. Estabamos en el kilómetro 15, ahora tendríamos que dirigirnos hacia el pleno centro de Madrid, cada vez había más gente en las calles, asi avanzamos por Alberto Aguilera, llegamos a Bilbao y nos metimos en la estrecha calle Hortaleza desde la cual llegaríamos a la Gran Via. Nueva explosión de júbilo y de alegría, estabamos en plena Gran Via, con toda su anchura y altura para nosotros, rodeados por sus emblemáticos edificios sentíamos su capitalidad, su ambiente de gran ciudad que una vez al año dona sus calles para que sean poseidas por sus esforzados hijos, por los intrépidos corredores. Desde la Gran Via llegamos a Callao, pasamos por la peatonal Preciados, más peatonal que nunca, sus tiendas y grandes almacenes nos saludaban hasta que abordamos la Puerta del Sol, el punto céntrico y neurálgico de la ciudad, que nos recogía y nos animaba a pesar de las obras. A partir de ahí, calle Mayor y calle Bailén para pasar por otra de las atracciones turísticas y artsticas de la ciudad, el Palacio Real y la Plaza de Oriente completamente abarrotadas de gente para aclamar a los héroes de la mañana. Nuestro paso seguía siendo correcto y asi llegaríamos hasta el kilómetro 21 cuando se cumplía el medio maratón, nos encontrabamos bastante bien, enteros, sin problemas y con confianza. Teniendo en cuenta el tiempo realizado (1:56:30) habíamos hecho una media bastante buena, muchísimo mejor que la primera experiencia en la media de madrid hacía 3 años, y también si la comparamos con la primera media de la temporada en Asturias, allá por el mes de septiembre, cuando habíamos invertido dos minutos menos y habíamos terminado con la sensación de que no podíamos dar mucho más de sí. Aún nos quedaba la mitad de la carrera, se puede decir que ahora es cuando comenzaba realmente la carrera y cuando comprobaríamos si el esfuerzo y entrenamientos prévios habían sido los correctos. Las sensaciones en ese punto erán aún muy buenas, los pies seguían bien, las zapatillas sin problemas, las rodillas no se resentían, la respiración constante igual que las pulsaciones; habíamos bebido en cada punto de avituallamiento y además tomado la primera dosis de geles y glucosa. Las cosas estaban en buena situación y estabamos cumpliendo las espectativas, la única pega es que aún no habíamos conseguido coger al globo de las 4 horas que según el plan inicial nos estaría sacando unos dos minutos, pero tampoco era cuestión de lamentarse por ello, el principal objetivo era acabar y poco importaban dos minutos más o menos.

Después de recorrer los primeros 21 kilómetros llegaba una zona relativamente buena para los corredores, en ligero descenso desde la calle Ferraz por el Parque del Oeste, rodeados de árboles y también de público que se había desplazado hacia esta zona para saludar a sus conocidos o a los desconocidos atletas. Habíamos formado un grupo más o menos compacto de corredores que había estado unido desde aproximadamente el kilómetro 7 y ya nos eran familiares sus caras y sus gestos; todos ibamos al mismo ritmo y nuestra intención (aparte de terminar el maratón) era llegar en aproximadamente cuatro horas. Este hecho de correr en pelotón también era muy favorable porque nos ayudaba a llevar un ritmo constante, sin acelerones o frenazos, sin adelantamientos. En esta zona de descenso nos volvimos a acelerar un poco, pero no solo nosotros, todo el grupo. Nos estabamos aproximando al kilómetro 25 donde nos esperaba Esperanza con el segundo avituallamiento y esperabamos que también lo hiciera Bernar. Llegamos al Puente de los Franceses y ahora girabamos para coger la Avenida de Valladolid y dirigirnos hacia Príncipe Pio, hacia el segundo avituallamiento. En esta calle estaba situada la primera ducha de agua, pero con el tiempo fresco que teníamos no nos hizo falta, por ahora este aspecto también nos estaba acompañando, a pesar de la lluvia inicial las temperaturas estaban siendo buenas, en esos instantes el sol brillaba pero no calentaba demasiado. Nos ibamos aproximando a Príncipe Pio pero no encontrabamos a nuestros salvadores hasta que finalmente ya cerca del metro los localizamos, allí vimos a Esperanza y a Bernar, la primera con las botellitas de la mano y el segundo vestido de corto y preparado para hacernos de liebre durante el resto de la carrera. Su presencia fue doblemente bienvenida, no sólo por animarnos sino también por ayudarnos y apoyarnos a lo largo de toda la carrera. Nada más unirse a nosotros Bernar ya se había convertido en el centro del grupo y nos animaba con sus chistes y bromas, con el relato de la boda de la noche anterior a la que tuvo que asistir y con otras anecdotas de su querido Bloque IV. Ahora comenzaba la parte complicada de la carrera, nos adentrabamos en la Casa de Campo, la experiencia del paso por la Casa de Campo durante la "Human Race" de Agosto no fue muy gratificante, y aún recordabamos las duras cuestas que tuvimos que pasar y el sufrimiento que soportar para poder terminar aquella carrera. A los pocos metros de entrar en la Casa de Campo nos encontramos con otra grata sorpresa, alli estaba con su bicicleta Juanillo, esta vez no nos acompañaría corriendo como hizo en San Nicasio sino montado en su particular "espada" de dos ruedas. De esta forma se nos hizo mucho más llevadero el paso por la Casa de Campo, donde nos había tanto gente como en las calles de Madrid pero el que estaba allí se hacía sentir. En este terreno JoseMa se separó apenas unos metros de sus dos compañeros de carrera, dejó el asfalto por el que ellos iban corriendo y siguió por la senda de tierra en paralelo a la carretera, no quería castigar en exceso las rodillas. Asi fue como recorrimos los casi siete kilómetros de carrera que atravesaban las tierras y árboles de la Casa de Campo y nos ibamos aproximando al kilómetro 32, donde todos los entendidos decían que estaba el famoso muro. Allí también nos esperaría Esperanza para darnos el tercer y último de los avituallamientos previstos. Se aproximaban los kilómetros más duros, donde se marca la diferencia entre terminar y no terminar la maratón, donde hay que dar hasta la última gota de sudor y sufrir todo lo posible; la parte más dura tanto en el aspecto mental como en el físico, cuando casi no se tienen fuerzas y comienzan los dolores, los tirones, los calambres. En nuestros entrenamientos largos habíamos sufrido muchisimo a partir del kilómetro 27, ahora ya había pasado ese punto kilométrico sin el menor síntoma de agotamiento o cansancio. El momento decisivo estaba a punto de llegar.

Y comenzó el último cuarto, como si de un partido de baloncesto se tratará, con las espadas en todo lo alto, con todo por decidir, apenas 10 kilómetros por recorrer. Y comenzaba saliendo de la Casa de Campo y bajando por la Avenida de Portugal, allí nos sorprendió la presencia de nuestro amigo Tomás vestido de corto, con su camiseta blanca,dispuesto a correr, aunque no se unió a nuestro grupo si no que esperó a otro de sus amigos con el que había quedado para hacer la última parte de la carrera. Lamestamos su ausencia ya que su compañía habría sido bienvenida y sobre todo apreciada. Casi al mismo tiempo
comenzaron las primeras complicaciones, con el cambio de terreno JoseMa sintió ciertas molestias en las rodillas, las temidas rodillas estaban en una situación bastante delicada. Primero fue la rodilla derecha y comenzó con ciertos pinchazos en la parte lateral externa de la misma, cada vez se le hacía más complicado correr. Al terminar la bajada teníamos que diriginos hacia la glorieta del Puente de Segovia donde estaba Esperanza para darnos el avituallamiento, la gente se agolpaba a ambos lados de la calle animando a los corredores y por poco no nos encontramos con Esperanza, aunque finalmente pudimos localizarla con el tiempo suficiente para ponernos a su lado y recoger las deseadas provisiones. Con el nuevo avituallamiento JoseMa esperaba que el dolor de la rodilla fuera disminuyendo pero no fue así, sus compañeros notaron su sufrimiento y poco a poco fuimos reduciendo el ritmo, Bernar se multiplicaba para ir a por el agua y la bebida isotónica mientras nos animaba y marcaba un ritmo más llevadero. De esta manera llegamos al puente de San Isidro, desde ahí se veía el parque de San Isidro, había que continuar. El camino por el paseo Virgen del Puerto fue más duro, pasamos por una zona en obras con menos público animando y a eso se unieron molestias en la otra rodilla de JoseMa, ahora eran las dos las que daban problemas. Se lo comentó a sus compañeros y decidió buscar alos voluntarios para que le echaran un poco de reflex en las rodillas. Mario también aprovechó la ocasión para refrescar sus rodillas, él también sentía molestias desde hacía unos kilómetros. A los pocos metros vimos a Esperanza que había cruzado el puente del Rey y se acercó a esa parte de la carrera para animarnos de nuevo y pudo comprobar como nuestros semblantes ya no eran tan radiantes como antes, el cansancio y el dolor hacía mella en nuestros cuerpos. Precisamente ahora cuando comenzaba la rampa más dura de todo el circuito situada en la Calle de Segovia, los pies se clavaban al asfalto y las rodillas parecían de piedra. Después de esa cuesta nos dirigiamos en constante y suave subida por el Paseo Imperial hasta llegar al Paseo de las Acacias. En este punto recordamos las carreras de la Melonera, en esas ocasiones subíamos por esas calles sin complicaciones pero ahora después de 35 kilómetros y con las rodillas maltrechas el paso no fue tan cómodo. Aunque no debíamos de ser los únicos, el grupo en el que ibamos se mantenía más o menos estable y tampoco nos pasaban más corredores por detrás, e incluso eramos nosotros los que adelantabamos a corredores que tenían que seguir andando, nosotros estabamos un poco mejor y no queríamos resignarnos a dejar de correr y seguir andando, aún podiamos avanzar sin detenernos. Al paso por la Glorieta de Embajadores las rodillas de JoseMa estaban aún peor y buscaba como loco algún voluntario con reflex para calmar las rodillas, pero una gran parte del pelotón debía estar igual porque nos costó encontrar el divino reflex y cuando lo encontramos había varios corredores esperando para usarlo, así que decidimos seguir avanzando hacia Atocha.

Al llegar a Atocha adelantamos a un grupo de militares que corrían con su pendón, no recuerdo si aún estaban cantando o no, las fuerzas eran ya escasas y no estabamos para fijarnos en esas cosas, pero los pasamos en pocos metros. Los árboles del Retiro estaban ya ante nuestra vista, nos separaban de ellos la cuesta de Alfonso XII que JoseMa ya había subido y sufrido durante la Media de Madrid, aunque en aquella ocasión la subió en mejores condiciones y con un paso más regular y fluido, ahora avanzaba a duras penas y la subida costó lo suyo. Los pensamientos se centraban únicamente en el número de kilómetros, de metros que quedaban para llegar a la meta, había que seguir avanzando, metro a metro, paso a paso, ya poco importaba el dolor. Si habíamos llegado hasta allí podríamos continuar, un poco más, sólo unos minutos más, era el kilómetro 40. A lo lejos se veía ya la Puerta de Alcalá (mirala, mirala, mirala, la Puerta de Alcalá) y parece como si la visión de la emblemática puerta y sobre todo saber que apenas quedaban unos metros, calmó casi por completo los dolores de rodillas, e incluso el paso se hizo más rápido y constante. Al llegar a su altura vimos a la familia de Mario que se había dirigido hasta allí para saludar al miembro más deportivo de la familia, todo un portento físico que era aclamado por su padres, hermanos y sobrinas, y él como si también hubiera recuperado todas sus fuerzas y se hubieran curado por completo sus rodillas desfiló con gallardía por delante de la Puerta de Alcalá. Un poco más allá se distinguió el arco del último kilometro, "el último kilómetro" gritó Bernar y todos nos sentimos estremecer, estabamos a punto de conseguirlo, ya estabamos tan cerca. Y así entramos en el Retiro por el paseo de Coches, con toda la gente a nuestro alrededor, el público gritando, animando, dándonos sus parabienes, elogiando nuestro esfuerzo y aplaudiendo nuestra entrega. La última recta, los últimos metros, y como si hubieramos recuperado todas nuestras energías, como si acabaramos de comenzar, nos dirigimos con soltura por ese espacioso paseo, siendo aclamados por el público y honrados con el orgullo y admiración de Bernar que nos gritaba: "Estoy orgulloso de vosotros, sois unos campeones, lo habeis conseguido, felicidades amigos". Y nosotros correspondimos a sus palabras de satisfacción con la mejor de las sonrisas y nuestro más sentido agradecimiento por acompañarnos y compartir con nosotros ese gran dia. Gracias Bernar. La alegría era desbordante, JoseMa sacó fuerzas y gritó con entusiasmo: "Lo hemos conseguido, VAMOS". Disfrutabamos en cada paso, en cada metro... cada grito del público era un empujón más para llegar a la meta, atrás quedaron los dolores, el cansancio, las rodillas y el sufrimiento, ahora sólo quedaba la alegría desbordante de todos, de los corredores, de los familiares, acompañantes y público en general. Se notaba, se palpaba en el ambiente, se irradiaba por cada uno de nosotros, lo habíamos conseguido y de esa forma en pleno éxtasis nos acercabamos a la línea de meta, nos agarramos las manos, levantamos los brazos al cielo de Madrid y cruzamos la meta de nuestro primer Maratón. LO HABIAMOS CONSEGUIDO.


Después de cruzar la meta nos abrazamos y nos felicitamos. Quizás el más contento de los tres era precisamente Bernar, se notaba en su cara esa sensación de admiración y de satisfacción, parecía como si hubiera sido el quién hubiera hecho la proeza y en realidad también lo había hecho, él también había hecho una heroicidad, y seguro que pronto también cumplirá su sueño y terminará un Maratón y allí estaremos nosotros para acompañarle, animarle, ayudarle y compartir con él ese sueño. Poco a poco fuimos recuperando el aliento y la respiración, para ser sincero tengo que decir que tampoco es que hubieramos llegados exhaustos, tampoco frescos pero si enteros; el único contratiempo habían sido las molestias de las rodillas pero si descontamos ese hecho se podría decir que nuestro estado era aceptable, teníamos fuerzas suficientes como para seguir andando y estirar un poco. A nuestro alrededor vimos atletas en peores condiciones que nosotros e incluso alguno llegó a desmayarse y a necesitar asistencia sanitaria. No se si era la alegría o el subidón por terminar la carrera pero nos encontrabamos bien, para incluso bromear y fotografiarnos en la meta. Bernar nos aconsejó que estiraramos más y seguimos sus sabios consejos, a la vez que aprovechamos para descansar un poco, aunque puede que fuera peor el remedio que la enfermedad, porque una vez sentados en el suelo se nos hizo casi imposible levantarnos, los dolores de rodillas se multiplicaron y ahora era complicado hasta andar. Pero lo habíamos conseguido, habíamos conseguido nuestro sueño. El siguiente paso era buscar a Esperanza que nos estaría esperando en los alrededores de la meta, mientras la buscabamos encontramos a Juanillo que desde la Casa de Campo había seguido la carrera hasta la meta y allí nos felicitó por nuestra carrera y por haber terminado en tan buenas condiciones. Finalmente vimos a Esperanza y volvieron las alegrías, los parabienes, las palabras de ánimo y de apoyo, y sobre todo nuestras palabras de agradecimiento y de admiración por habernos ayudado en la carrera, por habernos seguido sin descanso, ofreciéndonos las bebidas y geles con una sonrisa en los labios y con una entrega digna de toda admiración. Muchas gracias por todo Esperanza, sin tu ayuda tampoco habríamos conseguido acabar el Maratón, este triunfo también es tu triunfo y no sólo por lo que hiciste ese dia si no también por todo lo que has hecho durante los meses de entrenamiento y durante las carreras, acompañándonos y animándonos cuando más lo necesitabamos. Muchas gracias.

Analizando la carrera en general decir que ha sido una sensación única y una experiencia irrepetible y maravillosa. Es emocionante verse en un acontecimiento de este tipo, compartiendo las calles de Madrid con miles de corredores y miles de personas más animando y apoyando a los corredores, uno se emociona de nuevo al recordar y vivir esas sensaciones. Una experiencia maravillosa. En cuanto a la organización pues un 10, de las mejores que hemos visto en las carreras a las que hemos asistido, no ha faltado de nada, ni voluntarios, ni medios, ni señalización, avituallamiento; todo ha estado en su sitio y en el número necesario. No ha faltado ni la música para hacer más llevadero el paso a los corredores y la espera a los acompañantes. El recorrido fantástico, a pesar de las cuestas, pero es difícil evitarlas en una ciudad como Madrid, pero siempre corriendo por calles anchas, con público y pasando por sitios emblemáticos. Tanto la salida como la meta han estado muy bien situadas, en calles ámplias que permitían salir a los corredores sin estrecheces y llegar a la meta sin agobios, sin colas ni esperas. Magnífico. Una matrícula de Honor para el MAPOMA.

Todo ha sido impresionante y quedará grabado para siempre en nuestra memoria, hemos cumplido un sueño y además en bastantes buenas condiciones. Cuando nos lo planteamos no podíamos ni imaginar que ibamos a terminar tan bien , en tan buen estado y sin sufrir demasiado. Esto ha sido fruto de un buen entrenamiento, constante y duro, y también a la compañía, el hecho de correr Mario, JoseMa y Bernar ha ayudado muchísimo a cumplir el objetivo con tan buena nota, y contar con el apoyo de Esperanza ha sido fundamental. Hemos corrido nuestra primera Maraton, ya somos maratonianos.

¿Y ahora qué?. En principio no tenemos intención de correr otra maratón este año, aunque nunca se sabe. Por ahora intentaremos no perder la forma y seguir disfrutando de la afición de correr, centrándonos en pruebas más cortas, en los 10 kilómetros y seguro que también alguna media interesante, todo ello hasta que lleguen los calurosos meses veraniegos y tomarse un necesario descanso. Ha sido un gran año y ahora hay que seguir disfrutando. Ya veremos que nuevos retos y objetivos se cruzan en nuestro camino, por ahora hemos cumplido con el primero de ellos, con nuestro primer Maratón de Madrid.




























Un sueño

En primer lugar quiero indicar que hoy no he cumplido un sueño esperado desde hace mucho tiempo, quiero decir que correr y terminar un maratón no ha sido un anhelo que por fin se ha cumplido después de muchos años; de la misma manera que hace dos años tampoco lo era terminar una media maratón o hace tres correr 10 kilómetros. Mis sueños se centraban en otros ámbitos, en otros mundos de nunca jamás y en otrás espectativas.

Siempre me ha gustado correr, recuerdo en mi infancia cuando con 8 o 9 años en mi barrio dabamos vueltas a la manzana con mis amigos de juegos y cronometrábamos los tiempos. Yo siempre prefería las pruebas de fondo a las de velocidad donde destacaba más mi hermano pequeño, cuantas más vueltas mejor, y recuerdo como haciamos cálculos acerca de los kilómetros recorridos, 25 vueltas por 200 metros cada vuelta eran aproximadamente 5 kilómetros. Posteriormente lo dejé un poco de lado, pero siempre destacaba en las pruebas de fondo: en el colegio, en los entrenamientos de baloncesto, etc. Otros deportes ocuparon su lugar y quizás por eso perdí un poco el hábito y las ganas de correr, y quizás eso lo pagué cuando tuve que retomarlo durante el servicio militar. Después de volver de la mili y con el hábito recuperado solía hacer unos cuantos kilómetros los fines de semana, cuando el resto de mis ocupaciones me lo permitían, pero nunca con la intención de participar en carreras populares, incluso algún dia mientras corría por mi cuenta en el parque de la Arganzuela coincidía con la celebración de la carrera de la Melonera y ni siquiera se me ocurría unirme al pelotón de corredores populares o apuntarme a las próximas ediciones.

Cuando mis ocupaciones estudiantiles fueron terminando, su tiempo tenía que ser empleado en otras tareas y ahí fue donde estaban las carreras de los sábados que pasaron a ser las carreras de lunes, miércoles y viernes, pero sin acordarme ni preocuparme por las carreras populares. Las obras de la M-30, que inhabilitaron el Parque de la Arganzuela para mis salidas mañaneras, me obligaron a un cambio de territorio, ese traslado a Valdelatas puede que fuera la puerta para mi primera participación en una carrera popular; mis correrías coincidían con el recorrido del Cross del Rector de la Autónoma y el paso a inscribirme en la misma fue casi inmediato. Recuerdo esa primera carrera y la recuerdo con un sentimiento bastante contradictorio porque sufrí como yo creo que no he sufrido nunca después en una carrera, eran sólo 6.5 kilómetros pero se me hicieron eternos, una cosa era correr a mi ritmo, sin contrincantes, sin compañeros o acompañantes y otra muy distinta verse inmerso en una masa de gente que corre en tu misma dirección y que te impulsa a ir a otro ritmo distinto del tuyo, esa fue mi primera experiencia y mi primera enseñanza. En cada carrera se aprende algo nuevo. Esa fue la primera de una serie de carreras, al principio muy espaciadas en el tiempo, no era una obsesión correr carreras si no sólo correr y encontrarse bien. La segunda participación en el Cross del Rector supuso la reválida, después de la experiencia del año anterior y con la lección bien aprendida, esa carrera fue todo lo contrario, recuerdo como en la segunda parte sintiéndome fuerte comencé a progresar y adelantar sin parar al resto de corredores llegando a la meta con casi 6 minutos de adelanto con respecto al tiempo del año anterior. Esa sensación de superación, de vencerse asi mismo, de mejorar sobre la tierra sin otro contrincante que uno mismo se fue metiendo en la sangre.

El siguiente paso fue la participación en algún 10.000, hasta que un dia mi amigo Mario me dijo que se iba a presentar a correr la media maratón de Madrid y yo le dije que ni loco la correría, que era mucha distancia para mí y que no me sentía preparado, no quería sufrir tanto. Al año siguiente me lo volvió a comentar, después de muchos entrenamientos mi incapacidad no era tan grande, un atisbo de ilusión brillo en mi mente y por primera vez pensé que podía ser posible, que podía con ello, aunque no sabía con lo que me enfrentaba. Comencé un entrenamiento más exhaustivo, prolongué el kilometraje de mis entrenamientos pero seguía sin verlo realizable al cien por cien. Hasta que por fin llegó el dia, rodeado de Mario, Bernardo y Tomás (que también se estrenaban en estas aventuras) nos encontrabamos una mañana fria de Abril a las 9 de la mañana en las proximidades del estadio Vallehermoso esperando que dieran el pistoletazo inicial y comenzar a correr durante 21 kilómetros, anhelando que nuestras fuerzas fueran suficientes para terminar con éxito la empresa y confiando en llegar a la meta sanos y salvos. Con nuestro amigo Mario como maestro de ceremonias comenzamos a correr, nuestro particular cicerone nos iba guiando y marcando el ritmo para llegar sin complicaciones al final, los kilómetros pasaban machaconamente para los cuatro, aunque Bernar y Tomas acusaron más el esfuerzo mientras que Mario y yo teníamos que animarles y esperarles para que no perdieran la ilusión. Una nueva enseñanza, la amistad y el compañerismo, como uno se sacrifica para que el compañero no abandone y como el otro intenta darlo todo de sí para que no defraudar al acompañante. Recuerdo el dolor de rodillas de los últimos kilómetros pasando por Cuatro Caminos y como nos ibamos acercando a la meta, como entramos en el estadio y como cruzamos la línea de meta agarrados de las manos y con los brazos en alto después de 140 minutos de correr sin parar. Algo increible, si alguien me hubiera dicho un año antes que estaría corriendo sin parar durante más de dos horas no me lo habría creido pero entonces era una realidad. Lo habíamos conseguido y lo había conseguido, un paso más, un nuevo reto logrado. Recuerdo como en ese estado de euforia alguno de los cuatro llegó a comentar que el siguiente paso era el maratón y recuerdo como dije que era algo imposible para mí. Después de sufrir durante 21 kilómetros veía imposible sufrir el doble, pensé que estaba por encima de mis fuerzas físicas y mentales, que el maratón era para superhombres y que se necesitaba mucho para prepararlo, intentarlo y mucho más para conseguirlo. Después de esa media maratón cayó alguna media más y varias carreras de 10.000, en esas distancias me sentía cómodo, lo veía posible y realizable; pero el maratón seguía estando varios escalones por encima de mis posibilidades.

Hasta que por fin el sueño comenzó a fraguarse, el sueño comenzó una mañana de domingo, en abril del año pasado. Esa mañana me levanté y puse la televisión en el preciso momento en el que Chema Martinez entraba en el Retiro y se disponía a ganar el Maratón de Madrid de 2008. Después de cruzar la meta conectaron con una cámara que estaba situada en la plaza de Pirámides y donde se veía pasar a la ingente masa de corredores populares, aún les quedaban unos cinco kilómetros pero la entrega de cada uno de ellos era admirable. Las conexiones continuaron por otros puntos del recorrido, en todos ellos se veían las mismas imágenes, los corredores dándolo todo, el público animando sin parar y las emociones y sentimientos por las nubes. Se notaba ese tipo de emoción que contagia, que se transmite de unos a otros, del corredor al público y en sentido contrario del público al corredor. Era tanta la emoción que transpasaba la propia televisión, me llegaba y se apoderaba de mí. La siguiente conexión con la línea de meta, los corredores populares llegaban ya en masa, uno con sus niños, otros con sus amigos, otros con sus recuerdos, todos con la emoción a flor de piel, todos con la alegría en la cara y sin muestras de dolor o de sufrimiento. Los sentimientos rebosaban, la felicidad reinaba, la satisfacción era máxima, el recocijo común, la exaltación única, el júbilo eterno. Fue en ese preciso momento cuando nació el sueño, cuando me dije que yo también quería vivir esas emociones y esos sentimientos, yo también quería formar parte de ese placer, de comunidad de afectos. La decisión estaba tomada, dentro de un año intentaría entrar en el Retiro después de recorrer 42 kilometros y levantar los brazos en la línea de meta.

A los pocos dias hablando con Mario y Bernar quise compartir con ellos mi sueño, anuncié en público mi meta, y de forma inesperada e increible, como si fuera una epidemia, como una enfermedad contagiosa, como si hubieran visto las mismas imégenes y vivido las mismas sensaciones, ellos me dijeron que también habían decidido lo mismo, que también habían tenido el mismo sueño y que iban a luchar por intentarlo y conseguirlo. Fue el paso que faltaba para que el sueño tuviera unos sólidos pilares en los que sustentarse, ahora si que podría ser conseguido. La conjunción de varios intereses unidos para conseguir un objetivo común, un sueño único haría más fuerte a cada uno de nosotros, podríamos contar con el apoyo y ánimo de los amigos, nadie se sentiría solo, correríamos pegados, sufríamos juntos, soñaríamos lo mismo y conseguiríamos el triunfo unidos. Sabíamos que podíamos contar con el apoyo de los demás, que no nos defraudarían y que tampoco les podíamos defraudar.

De esta forma comenzó la temporada a mediados de Agosto, sabíamos que teníamos que entrenar duro, que no podíamos cesar en el empeño y que había que hacerlo cuanto antes. Los primeros dias fueron duros, costaba volver a la actividad después de las vacaciones, aunque parecía que el dia estaba lejos no podíamos dejar pasar el tiempo. Casi sin entrenamientos comenzaron las carreras para coger la forma y unir aún más nuestra particular comunidad del anillo. En Septiembre cayó la primera media maratón, quizás demasiado pronto y con poco fondo; fue en tierras asturianas después de un fin de semana precioso en lo paisajístico y gastronómico, lleno de hermandad y de confraternidad. En esta primera media de la temporada nos dimos cuenta de que aín nos quedaba mucho por hacer y por pasar, conseguimos terminar bien, a buen ritmo, sin grandes complicaciones pero justos en nuestras fuerzas; habíamos cubierto la mitad de la distancia que deberíamos recorrer pero con la sensación de que no habríamos llegado mucho más lejos, apenas unos pocos kilómetros más. Había que seguir entrenando y coger fondo, mucho más fondo. Los siguientes meses se centraron en eso, fuí aumentando paulatínamente la distancia de los entrenamientos, ya estaba haciendo 10 kilómetros 3 o 4 veces por semana sin grandes complicaciones, alternándolos con alguna que otra carrera de 10.000 metros que corría en compañía de Bernar y Mario, aumentando nuestros lazos, compenetrando nuestros ritmos y aunando nuestros esfuerzos. A finales de Diciembre decidimos que no había vuelta atrás, quemamos nuestras naves y nos lanzamos al vacio, ya no podíamos retroceder, ya habíamos realizado al inscripción, ya estabamos oficialmente apuntados al gran acontecimiento; cuatro meses después tomaríamos la salida de la XXXII edición de la Maratón Popular de Madrid.

De esta forma comenzó el año, habia que intensificar la preparación. A las carreras se unió el gimnasio, tenía que fortalecer las piernas al mismo tiempo que intentar bajar un poco más de peso, todo ello para que las rodillas no acusaran la dureza de tantos kilómetros y que las piernas estuvieran preparadas para el intenso esfuerzo al que ibamos a someterlas. A comienzos de Enero se sucedieron las carreras y para finalizar corrimos la segunda media del año, en Getafe con un perfil suave que no se nos atragantara y que nos permitiera consolidar la carga de trabajo realizado. La experiencia fue muy positiva, en un húmedo dia de invierno, con lluvia y frio, Bernar y yo conseguimos bajar nuestra marca anterior en algo más de 7 minutos y con unas sensaciones positivas, habíamos terminado muy fuertes y con menos sensación de cansacio y agotamiento. Era consciente de que ese dia podría haber seguir corriendo unos cuantos kilómetros más sin ningún problema, había aumentado el límite de mi esfuerzo y cada vez estaba más cerca de la meta final.

A finales de Febrero comenzó una tercera fase, había que aumentar la distancia, hacer entrenamientos más largos, tenía que habituar mi cuerpo a los esfuerzos más prolongados, de manera que a los entrenamientos diarios tenía que unir tiradas medias durante los fines de semana y que mejor forma de hacerlo que apuntarme a algunas medias, alternándolas con salidas de unos 15 kilómetros los domingos. De esta manera corrí, solo o en compañía de Bernar y Mario, las medias de Fuencarral-El Pardo, Fuenlabrada y Calatayud, las dos primeras con resultados contradictorios ya que conseguí bajar mi marca personal pero acabando en una situación bastante delicada, entregando las últimas fuerzas en los kilómetros finales y con la sensación de que no tenía mucho más, que no podía aguantar más, ya ni siquiera kilómetros si no metros, entraba con las fuerzas justas. En Calatayud la situación fue distinta, en esta ocasión corrí con Mario y Bernar, y la verdad es que terminamos de forma apoteósica, conseguimos rebajar en casi tres minutos nuestras marcas, con un buen ritmo desde los instantes iniciales y con una segunda parte de carrera impresionante, progresando en los kilómetros finales, terminando frescos y con muy buenas sensaciones, ese dia si que podríamos haber hecho 8 o 10 kilómetros más; de esa forma volvimos a Madrid con la moral, el orgullo y el amor propio por las nubes.

Y llegamos a la parte final de la preparación, después de una semana de descanso total por tierras andaluzas. Quedaba el último mes y había que prepararlo a conciencia, dejando la última semana para entrenamientos suaves y de recuperación, por lo que había que cargar las piernas, realizar entrenamientos largos y duros, acondicionar el cuerpo para el esfuerzo. Así corrí por tercera vez la Media Maratón de Madrid terminando con las mismas sensaciones que en Fuencarral y en Fuenlabrada, demasiado cansado como para poder continuar, no podía seguir ese ritmo durante 42 kilómetros y puede que ese fuera mi error, que estuviera realizando los entrenamientos de forma equivocada, más para correr medias y bajar mis marcas que para preparar la maratón. Tenía que cambiar de táctica, aún me quedaban tres semanas de entrenamientos por encima de los 15 kilómetros hasta que cierto dia de imprevisto, sin pensarlo ni meditarlo, bajé con la intención de hacer unos cuantos kilómetros como cualquier dia e instantes antes de comenzar decido que se convierta en la tirada larga, en el entrenamiento definitivo para comprobar si estoy preparado o no para el Maratón. Y claro está, pagué la precipitación, corriendo a un ritmo quizás demasiado elevado (5:20 min/km) y sin llevar agua y glucosa para aguantar tanta distancia. Aguanté en condiciones hasta el kilómetro 25, luego medianamente bien los dos siguientes kilómetros, y cuando mi intención era llegar al menos a los 30 kilómetros tuve que dejarlo en el 28 tras aparecer el famoso muro un kilómetro antes. Mis piernas ya no respondían, no podían más, me había vaciado completamente; no tenía una sensación de cansancio fisico total, la respiración estaba más o menos bien pero las piernas no avanzaban, no podía seguir. En un primer momento esta experiencia me desanimó, veía que de esa forma no podía terminar la maratón, que tenía que cambiar la forma de abordar la carrera, y saqué mis conclusiones y enseñanzas. Ese pequeño fracaso se convirtió en una experiencia positiva, ahora tenía claro que tenía que seguir un ritmo un poco más tranquilo (probaría con 5:40) y que era necesario complementar el agua con geles y glucosas para retrasar todo lo posible el cansancio y fatiga muscular. Quedaban 13 dias para el maratón, nunca es tarde si la dicha es buena y los siguientes ensayos corroboraron el plan, corriendo entre 5:35 y 5:40 durante 17 kilómetros sin el menor problema y terminando como una rosa, ese era el ritmo y así podría terminar el maratón.

El domingo era el gran dia, después de algo más de 8 meses de preparación, de recorrer unos 1200 kilómetros en 115 entrenamientos llegaba el dia de calzarse las zapatillas ponerse la camiseta azul celeste de nuestra comunidad, de nuestra hermandad, de nuestro Bocarranas y de nuestros Hijos del Viento y salir a las calles de Madrid a disfrutar de la sensación de participar en la carrera, de saborear cada paso, de recorrer cada kilómetro con la impresión de estar viviendo algo único, con la ambición de llegar al final y vivir en directo lo que sentí por televisión hace un año. El sueño está cumplido, ha sonado el pistoletazo inicial y hemos pasado por debajo del arco de salida, estamos corriendo el Maratón de Madrid, hemos conseguido el objetivo y ahora durante algo más de cuatro horas vamos a disfrutar de ello y celebrarlo con los brazos en alto, cogidos de la mano cruzando la línea de meta en el Retiro, junto a Bernar y Mario, donde nos espera nuestro angel de la guardia llamado Esperanza y donde también tenemos el recuerdo y aliento de nuestros Hijos del Viento y de nuestros Bocarranas. Sueño cumplido, objetivo conseguido.

Y por último lo más importante, la experiencia trascendental, la enseñanza esencial y vital de estos ocho meses, sobre todo y por encima de todo, incluso del hecho de correr y acabar la maratón, es saber que tienes junto a tí a las personas más importantes de tu vida, que te apoyan, te comprenden, te animan, te amparan, te aguantan, te protegen y que te ayudan a conseguir tus objetivos, tus anhelos, tus sueños y tus metas. Gracias Bernar, gracias Mario y gracias Esperanza.














¿Y ahora qué?
. No, no tengo nuevos sueños, no tengo intención de pasarme al Maratón alpino, al IronMan, a los 100 kilómetros, duatlón o triatlón. El objetivo y el sueño es seguir disfrutando de la compañía de Esperanza, de Bernar, de Mario, de los Bocarranas, de los Hijos del viento; seguir corriendo diezmiles y medias maratones, y quien sabe si algún que otro maratón, pero disfrutar de todo ello, de cada cosa que se haga porque uno sabe que lo hace con las personas que más quiere y que esos sentimientos son mútuos y compartidos. Cualquier cosa que se haga con ellos será siempre un sueño. Gracias Bernar, gracias Mario y gracias Esperanza.

miércoles, 22 de abril de 2009

Maraton de Madrid. Ya estamos aquí.

A menos de una semana para el gran dia quizás sea el momento de hacer un pequeño análisis sobre la situación prévia al maratón, sobre todo después de la experiencia de la semana pasada con ese entrenamiento largo y decepcionante de 28 kilómetros que terminó con mis ánimos y casi todas mis esperanzas. Una semana más tarde las cosas se ven de otra forma.

He estado entrenando mucho durante los últimos meses, puede que el plan de entrenamiento no haya sido todo lo correcto que pudiera. Creo que me he seguido un plan más acorde para mejorar en la Media Maratón que para terminar una maratón, con muchos entrenamientos cortos y rápidos, de 10 kilómetros a ritmo por debajo de 4:50, e incluso llegando a los 15 kilometros al mismo ritmo, lo que me sirvió para mejorar bastante mis marcas en los 21 kilometros. Pero para preparar el maratón debería haber realizado algunos entrenamientos más largos y a un ritmo más pausado para que mi cuerpo se fuera habituando a las largas distancias y al ritmo que se debe llevar en un maratón. Esa fue la mejor y mayor conclusión que los entrenamientos de la última semana y por eso realice los dos últimos entrenamientos de la semana, con 17.5 kilómetros a ritmo de 5:40 que en un principio costaba seguir porque las piernas se me iban y cuando me despistaba comenzaba a correr mucho más rápido, aunque finalmente creo que conseguí dominar las fuerzas y el ímpetu y refrenar el ritmo para que el cansancio no llegara tan repentinamente y poder prolongar el entrenamiento. Más vale tarde que nunca, al menos ya he comprobado que puedo correr a ese ritmo y aguantar sin problemas los 17 kilómetros, y interpolando esos datos al entrenamiento largo creo que habría aguantado más y habría acabado mejor si en lugar de ir a 5:20 hubiera reducido el ritmo, esa es la esperanza que me queda para el maratón y el rayito de luz que me permite pensar que puedo terminar el maratón si sigo un ritmo constante y no voy más deprisa de lo que puedo, siempre y cuando el resto del cuerpo tambien responda, que no haya problemas en las rodillas o que se produzcan calambres o tirones.

Otro punto negativo que tengo que tener en cuenta es el del peso, no he perdido todo el peso que tenía intención de perder, mi objetivo era bajar hasta los 73 kilos para quitarme lastre de encima, pero últimamente me he estabilizado en 76 después de llegar incluso a los 75, los últimos días han supuesto una ligera subida de peso que no he podido compensar. Otra nueva enseñanza para el futuro cuando se hace evidente la imposición de una dieta un poco más estricta que me permita bajar algo más de peso.

Mentalmente creo que estoy bien, tengo intención de llegar hasta el final y el entrenamiento largo me ha servido también para comprobar que puedo estar corriendo más de dos horas y media sin tener un bajón mental, el otro día no fue un bajón mental sino físico porque yo quería seguir corriendo pero no podía y no podía. A partir del 27 mi cabeza quería pero mis piernas no y por eso lo deje en el 28, sin poder llegar a los 30 que me pedía la cabeza.

No puedo olvidarme de los avituallamientos, no solo beber agua sino también tener presente la alimentación líquida, creo que los geles líquidos y la glucosa serán necesarias y espero asimilarlas correctamente, solo puede hacer una prueba en la media de Madrid y de haber sido menos inconsciente tenía que haberlos llevado el dia de la tirada larga.

Ya solo quedan cinco dias para el gran dia, solo queda entrenar ligeramente y alimentarse adecuadamente para no echar nada de menos el dia del maratón, espero que mis rodillas respondan y que esa ligera molestia en el muslo izquierdo desaparezca en esta fase de semidescanso previo a la carrera. La compañía de Mario durante toda la carrera sera muy necesaria, nos daremos animos mútuamente y sentir a un amigo cerca de tí durante la carrera hara más llevadero el paso, espero que Bernar también se anime y nos acompañe durante parte del trayecto, cualquier ayuda sera bienvenida sobre todo si de los amigos. En cualquier caso y sea el resultado que sea creo que la experiencia ha merecido la pena y será un dia inolvidable. Maratón vamos a por tí.

domingo, 5 de abril de 2009

IX Media Maratón Villa de Madrid (2009)

IX Media Maratón Villa de Madrid (2009)
Domingo 05-04-2009
21,095 metros
Tiempo oficioso: 1:50:33
Tiempo real: 1:44:38









Después de una semana de descanso tras concluir la media de Calatayud y una semana de recuperación con cuatro duros entrenamientos venía la cita de la Media Maratón de Madrid, aunque en esta ocasión tendría que correrla en solitario debido al viaje de mis hermanos del viento. En esta oportunidad era la tercera ocasión en la que corría por las calles de Madrid y tengo que reconocer que es una carrera que me gustaba, porque fue mi primera media y tenía muy buenos recuerdos de ella acompañado de Mario, Bernar y Tomás. Por todo ello me había planteado hacer una buena carrera y venía mentalizado para disfrutar al máximo de las calles madrileñas, en una bonita y soleada mañana de primavera. Todo pintaba bien, aunque es posible que viniera con un poco de cansancio acumulado, y las cosas no salieron tan bien como yo esperaba. Me levanté con un poco de cansancio, notaba las piernas frías y agarrotadas, tras un suave desayuno decidí probar uno de esos geles casi milagrosos para las grandes distancias, no sabía si tomarlo antes o durante la carrera, el hecho es que hice ambas cosas, lo tomé antes y me llevé otro más manejable para los últimos kilómetros. Tengo que reconocer que no noté muchas diferencias ni posibles mejorías, así que tendré que ponerlo en cuarentena para usarlo o no en la próxima Maratón. Como he comentado la mañana acompañaba y nada más llegar al Retiro me alegré al ver el gran ambiente que se disfrutaba por allí, muchos corredores y acompañantes habían tomando el Retiro. El primer incidente vino con la recogida del chip, no se si me tocó la fila de los menos hábiles pero el caso es que estuve casi 20 minutos esperando recoger el chip mientras el resto de las filas avanzaban sin problemas, al menos tuve la oportunidad de compartir fila con el gran Alfredo Duro al que me quedé con ganas de saludar y felicitar por sus grandes actuaciones radiofónicas... aquello estaba tan mal organizado como las asambleas del Real Madrid. Como consecuencia de esa espera interminable casi no tuve tiempo de preparar la carrera, rápidamente me coloqué mis instrumentos de carrera, estiré mínimamente y me dirigí hacia la linea de salida, evidentemente postergado a las últimas posiciones, lo cual iba a influir sustancialmente en la carrera.

Habia estudiado el recorrido con detenimiento, ya que se trataba de un trazado nuevo que salía del Retiro y no de las inmediaciones del Estadio Vallehermoso. Sabía que los primeros kilómetros eran los más complicados, casi en continua subida hasta la Plaza de Castilla por Santa Engracia y Bravo Murillo, pero confiaba en que los pasara con soltura, circulando por calles ámplias y a buen ritmo. Una vez allí enfilar la segunda parte en bajada de nuevo hasta el Retiro, dependiendo del tiempo de la primera mitad intentar hacer marca aprovechando la orografia favorable, pero siempre guardando fuerzas para los tres últimos kilómetros cuando llegaba un brusco repecho desde las inmediaciones de Atocha para entrar en el Retiro. Esos eran mis planes, tampoco era una prioridad hacer marca personal porque sabía que era complicado, pero dependiendo de como fueran los primeros kilómetros y si lo veía a tiro podía intentarlo.


Pero tengo que reconocer que no se cumplieron las espectativas, en primer lugar porque salí demasiado atrás, lo que me obligó a ir sorteando corredores durante los primeros kilómetros, con continuos cambios de ritmo y cambios de dirección, pasando por las aceras. En segundo lugar debido a la estrechez de las calles que hacía más difícil el correr entre una masa tan grande de corredores; las que yo esperaba ámplias calles estaban rodeadas y estrechadas por las vallas de las obras, e incluso en Bravo Murillo, en lugar de dejar los dos sentidos como en otras ocasiones, permitieron el paso de coches por la mitad de la calzada, estrechando la calle para los corredores. Una nueva dificultad añadida vino con los avituallamientos, yo creo que mal colocados, en un solo sentido de la marcha y con gente inexperta; en mi opinión fue un caos, yo no fui a las primeras mesas si no que intenté recoger el agua más adelante pero se hizo difícil, casi no se podía coger e incluso en una ocasión fuí golpeado en un hombro por uno de los voluntarios al recoger la botella y levantar él la mano para darsela al siguiente, afortunadamente solo quedó en un pequeño golpe y un poco de agua en el hombro. Finalmente las vueltas que nos hicieron dar por el Retiro para completar los 21 kilometros tampoco favorecían mucho, cuando se está llegando a la meta y te encuentras con esas vueltas y giros uno termina por desanimarse, hay que ser muy fuerte de cabeza sobre todo para ver la meta tan cerca y comprobar como en lugar de acercarte te alejas, a eso también contribuía la orografía de esos tres kilómetros para arriba, aunque tengo que reconocer que los pasé bastante bien. En resumidas cuentas, creo que la organización pecó de inexperiencia o de falta de preparación, no se que habrá ocurrido este año porque en anteriores ediciones todo fue sobre ruedas, pero en esta las cosas no salieron como estaban previstas.

Como he comentado los primeros kilómetros fueron complicados por la gran cantidad de corredores que estaban situados en la parte posterior, tuve que ir sorteándolos como pude, acusando esos continuos acelerones que no te permiten llevar un ritmo constante y cómodo. Muchas veces era imposible adelantar y tenías que estar esperando a que hubiera un pequeño hueco por el que colarte. Intente colocarme en el lateral del pelotón pero las vallas de las obras también hacían difícil correr por ahí, muchas veces te obligaban a girar hacia las aceras y volver de nuevo al asfalto, con el consiguiente desgaste que eso supone. Al llegar a Santa Engracia pensé que a partir de ese momento podría avanzar mejor, pero la situación no mejoró mucho, había salido demasiado atrás y a pesar de adelantar muchas posiciones seguía rodeado de corredores más lentos y cuando yo pensaba que la calle se iba a ensanchar se vió reducida al dejar pasar a los coches por el otro lado. En esta ascensión hacia la Plaza de Castilla el recorrido fue amenizado por los cánticos de los militares que agrupados participaban, lo cual me recordaba mis tiempos de "paso ligero" al ritmo de las cancioncillas castrenses. Esta parte se me hizo mucho más complicada de lo que yo esperaba, no cogiendo el ritmo en ningún momento, parecía que iba a tirones y sin fluidez; según mis cálculos iba algo por encima de los 5 minutos por kilómetro, pero no me encontraba a gusto, el recuerdo de la media de Fuenlabrada pasó por mi cabeza y además contaba con el handicad de la ausencia de Mario y sus constantes palabras de ánimo.

Al llegar a la Plaza de Castilla pensé que había pasado lo peor, creo que había adelantado a un buen grupo de corredores y que mi paso se encontraría ahora con menos obstáculos, acababa de adelantar al globo de 1:50 y los siguientes corredores irían más o menos a mi ritmo, con lo que podría mantener un paso constante que me ayudara a recuperarme del esfuerzo realizado, además ahora venía una zona teóricamente más favorable, en descenso por Serrano. Pero no conseguí mejorar mi situación, mi correr era más cómodo, menos acelerones, pero seguía sin sentirme bien, el terreno no me era tan favorable, ya que no eran tan descendente como yo pensaba y se sucedían las subidas y bajadas por Pio XII, convirtiendo esa parte en una especie de tobogán que terminó por pasarme factura. No recuerdo cuando pasé exactamente por el kilómetro 10 pero si recuerdo que no me sentí especialmente contento, con casi 50 minutos para cubrir esos primeros 10 kilómetros. La situación no mejoró al llegar a Serrano, parecía que estaba en una nube, que no veía lo que tenía a mi alrededor y sólo pensaba en seguir corriendo, no estaba tan mal como en Fuenlabrada pero se asemejaba mucho a lo que sentí aquel día. Era el momento de tomar el segundo de los geles milagrosos que llevaba, alrededor del kilómetro 13,5 me sentía regularcillo y me tomé el gel, que no creo que me sentara ni bien ni mal, aunque al menos me liberaba la mano. El peor momento fue alrededor del kilómetro 14, cuando dejamos Serrano y subimos por Diego de León, ya no sabía ni por donde andaba, solo deseaba seguir bajando, que fueran pasando los kilómetros y terminar lo antes posible, mi ritmo no era tan bueno y veía como me pasaban por ambos lados.

Al llegar al kilómetro 15, ya en Principe de Vergara la carrera volvía de nuevo a descender y entonces tuvo lugar el incidente del avituallamiento, el golpe en el hombro, aunque no creo que eso me influyera en absoluto en mi penoso caminar. Estabamos bajando pero no notaba mejoría de ningún tipo, ni el agua ni el gel me ayudaron a recuperar el tono. En estas circuntancias llegamos de nuevo al Retiro, pero aún quedaban unos cuantos kilómetros, al menos había más público que nos animaba sin parar, y a pesar de ello seguía arrastrándome. Únicamente al llegar a la calle Ciudad de Barcelona comencé a notarme algo mejor, pero sabía que los últimos tres kilómetros eran muy complicados así que me deje llevar sin apretar demasiado, en estas circunstancias no quería pagar los esfuerzos. Y fue precisamente entonces cuando se puede decir que me recuperé, cuando comenzó la cuesta de Alfonso XII, no bajé el ritmo y fue avanzando sin problemas, sorteando a los corredores que acusaban la subida y a los que decidieron seguir andando, y no todo terminaba en la entrada al Retiro sino que la cuesta continuó hasta la estatua del Ángel Caído. Pero entonces se produjo un nuevo bajón anímico, cuando pensaba que ya girabamos hacia la meta, lo hicimos en sentido contrario, y otro giro más que nos alejaba de la meta, y todo lo que avanzabamos en ese sentido tendríamos que recorrerlo en sentido contrario. Afortunadamente físicamente estaba algo mejor, y continué avanzando a buen ritmo, pero consciente de que estaba con las fuezas justas para terminar. En los metros finales pude sacar las últimas fuerzas para realizar un sprint, no por batir record sino con la única intención de terminar lo antes posible, de acabar la prueba y poder parar de correr, lo que demuestra que no estaba tan mal porque aún tuve tiempo para adelantar a unos cuantos corredores y cruzar la línea de meta en un tiempo final de 1:44:38 (4:59 min/km), mucho mejor de lo esperado según se iba desarrollando la carrera. Allí me estaba esperando Esperanza que me hizo unas cuantas fotos, completamente extenuado por el cansancio pero feliz por haber terminado. Unos cuantos estiramientos y un paseíto por el Retiro para recuperar la respiración y colocar las rodillas en su sitio.

No quiero criticar por criticar a la organización, se que es difícil preparar una carrera de estas dimensiones, que hay muchos corredores, muchos objetivos, muchos problemas y muchas cosas a las que prestar atención. Otros años no había notado esa cierta descoordinación o falta de organización, quizás mis objetivos entonces eran otros, salía mucho más atrás y solo pretendía llegar al final, ahora a pesar de salir igual de atrás quería hacer mejor tiempo, intentar bajar de 1:45:00 y por eso me encontré con los problemas de la masificación, de los grupos de corredores que ocupaban la calzada, las calles estrechas (debido a las obras o al tráfico), el apelotonamiento en las zonas de avituallamiento que impedían recoger el agua con tranquilidad. No se, han sido muchas cosas para pasar desapercibidas, y a todo ello hay que unir el sistema de cronometraje, que creo que también deja mucho que desear, parece como si hubiera sido una prueba, pero no ha funcionado correctamente. Por todo ello sólo puedo darles un aprobadillo simplón, con la esperanza de que aprendan de los errores cometidos y que se corrijan para la próxima edición, no quisiera dejar de correr la carrera de mi ciudad y disfrutar de sus calles ocupadas por los corredores. Espero que así sea.

Al final conseguí el objetivo secundario de bajar de 1:45:00 pero las sensaciones son contradictorias. El experimento de los geles no se si ha funcionado, si la mejoría de los últimos kilómetros se debe al gel o a las ganas de acabar o la facilidad que tengo para las cuestas. No se si he entrenado demasiado los últimos dias, si la semana de descanso me ha favorecido o todo lo contrario. Estoy lleno de dudas y de incertidumbres, no se como planificar los próximos entrenamientos y mucho más aún, no se como abordar el maratón. Ya casi no hay tiempo y creo que lo único que puedo hacer es intentar mantener la forma, no cansarse demasiado, entrenar lévemente y esperar que todo ello sea suficiente para terminar de forma digna mi primer Maratón. Dentro de 20 días sabré si ha sido posible.